Mi enfoque ante los desafíos profesionales y de diseño no nació en un escritorio, sino en la naturaleza y en el servicio comunitario. A los 9 años entré a formar parte del movimiento Scout, una experiencia única que viví intensamente hasta los 24 años. Pasé por todas las etapas: desde los Lobatos (Siempre mejor), los Scouts (Siempre listos), los Rovers (Siempre sirviendo), hasta desempeñarme finalmente como Scouter Jefe de Tropa.
Más allá de las destrezas técnicas que adquirí —como armar carpas, prender fogatas, supervivencia, primeros auxilios, técnicas de rescate en siniestros, rápel y construcciones estructurales con amarres de troncos—, el escultismo me grabó a fuego las lecciones más valiosas de mi vida: el verdadero trabajo en equipo, el liderazgo en acción, la resiliencia ante la adversidad y el valor incondicional de ayudar y servir a los demás sin esperar recompensa. Esta filosofía de vida es la que define mi ética de trabajo actual.
A la par de mi formación Scout, mi afición por la tecnología despertó temprano. A los 12 años empecé a trastear con computadoras en una época en la que todo se manejaba a punta de comandos de DOS, y aprendí a programar en FoxPro. Esa mente lógica y analítica me llevó a graduarme en el colegio como Bachiller especializado en Física-Matemática y a ingresar inicialmente a la carrera de Ingeniería en Sistemas. Sin embargo, pronto me di cuenta de que mi rumbo requería una expresión visual y creativa. Decidí cambiar el código puro por el diseño, inicialmente con la idea de estudiar diseño industrial, para luego consolidar mi camino definitivo en el Diseño Gráfico.
Guiado por la necesidad de entender cómo se comportaban mis archivos en el mundo real, en mi tercer semestre de carrera entré a trabajar en una empresa pionera en separación de colores (Sepcolor). Me obsesionaba dominar el retoque fotográfico de alta gama porque ya había tenido malas experiencias viendo cómo lo que diseñaba en la pantalla cambiaba drásticamente al imprimirse. En esa empresa descubrí el exigente mundo de la flexografía y los empaques flexibles, aprendiendo a manipular planos mecánicos y dielines bajo rigurosos estándares industriales. Más tarde regresé al sistema offset, pero mi curiosidad me llevó a hacer un curso de serigrafía, montando un pequeño taller propio de camisetas donde dominé la técnica desde la matriz. Toda esta herencia técnica la complementé después en el ámbito del diseño editorial, maquetando y dirigiendo el arte de libros y catálogos en la Casa de la Cultura Ecuatoriana.
Hoy, con más de 24 años de trayectoria acumulada, lidero Fiorum, mi estudio de diseño independiente. Aquí tengo el privilegio de ayudar a marcas contemporáneas (como Dubái Conocoto o Middle of the World) y artistas visuales a traducir sus visiones en empaques premium, identidades corporativas potentes y plataformas web a medida en WordPress y Elementor Pro bajo estrictos estándares de UI/UX.
Aquel niño de 12 años que exploraba las computadoras a base de comandos sigue vivo en mí. Hoy, esa misma curiosidad innata me impulsa a dominar las tecnologías de vanguardia, integrando la Inteligencia Artificial Generativa (Adobe Firefly, ComfyUI) en mis flujos creativos. El resultado es un perfil profesional que une la disciplina y el liderazgo Scout, la lógica matemática, el dominio absoluto de la imprenta técnica y la innovación digital, listo para conceptualizar proyectos que captan clientes y elevan las ventas de manera real.